Cómo empezó todo
Durante prácticamente toda mi adolescencia me ofrecieron cigarrillos cientos de veces, nunca acepté.
Recuerdo perfectamente mi primer cigarrillo, un Malboro solitario en su caja sobre el mueble del salón de Francis.
Todas las mañanas me levantaba temprano para salir a correr; vivía en la parte baja de la ciudad, junto a la estación de tren y subía hasta arriba del todo, hasta el camino del castillo. A la bajada pasaba siempre por casa de mi amigo Francis, desayunábamos juntos y luego regresaba a mi casa. Aquel día alguien me abrió la puerta, pero no supe quién. Cuando llegué la puerta del piso estaba abierta y todos estaban durmiendo en su habitación. Me senté en un sillón sin saber muy bien qué hacer y ahí estaba ese paquete de cigarrillos con uno solo dentro.
Hacía ya varios meses que solía soñara que fumaba y me gustaba mucho. Así que tomé el cigarrillo y lo encendí. Me gustó. El paso siguiente fue comprar un paquete de tabaco y fumarlo a solas en el pasillo de magisterio. Recuerdo que me puse enferma, diría que de color verde. Pero eso no me echó atrás, para nada. Seguí fumando y desde entonces mi vida cambió en muchos aspectos.
Dejé de correr y de nadar, porque me costaba respirar (en lugar de dejar el tabaco y seguir haciendo deporte). Me ponía el chándal con el tabaco en el bolsillo y acabé cambiando carreras por caminatas.
Me di cuenta de que el tabaco me ayudaba a relacionarme con los demás. Pedir fuego se convirtió en mi amuleto número uno para iniciar conversaciones y dejó de molestarme ir a lugares cargados de humo.
Luego me di cuenta de que al fin estaba haciendo algo que molestaba a mis padres, por primera vez en veinte años. Por entonces ninguno de mis amigos fumaba y a todos les resultaba penoso que yo lo hiciera. No hacía mucho era al revés.
Durante un tiempo dejé de morderme los dedos y mis manos estaban más bonitas que nunca. No tardé mucho en fumar un paquete al día, ahora fumo dos.
He intentado dejarlo de mil maneras y muchas veces. Pero nunca ha sido efectivo ningún método: dejarlo de golpe, poco a poco, agujerear los cigarrillos, perder prendas, la hucha, libros, autohipnosis, concienciación, cigarrillos de plástico, cigarrillos sin tabaco, chicles, autopunición... nada.
Ahora es necesario que lo deje o mi garganta no me lo perdonará jamás. El pasado año ví morir lentamente al padre de unos alumnos míos a causa del tabaco: perdió movilidad, sufría espantosos dolores, necesitaba oxígeno, finalmente no podía ni mear solo. Ni su mujer, ni sus hijos, ni yo hemos dejado el tabaco.
Pero creo que ya he tenido suficiente. El tabaco me aportó algo en mi vida hace tiempo y ya no tiene nada nuevo que aportarme. Sólo me da disgustos.
En este diario escribiré mi proceso para dejarlo y cómo me voy sintiendo desde el primer día.
Espero que resulte útil a otras personas y a mí misma.
http://www.dejardefumar.com.ar/
http://www.tuotromedico.com/temas/dejar_de_fumar.htm
http://www.aventis.com.mx/pharma/mx-sociedad/osteoporosis_menu.asp
http://www.tusalud.com.mx/121002.htm

